Alimentación en la niñez
Más allá de los nutrientes
La alimentación es una de las ocupaciones más importantes en la infancia, pero también una de las más complejas. Es una experiencia multisensorial, social y emocional que se construye día a día.
Para muchos niños, comer es un placer natural y un momento de exploración, pero para otros representa un verdadero desafío que involucra la coordinación precisa de la respiración, la deglución y el procesamiento de estímulos.
Factores sensoriales que el niño integra
- Textura: La sensación en manos y boca.
- Sonido: El ruido al masticar o del entorno.
- Temperatura y Sabor: Intensidad y preferencias.
- Postura: Estabilidad en la silla para poder comer.
Una mirada desde la Integración Sensorial
Hipersensibilidad
Puede manifestarse como un rechazo intenso a texturas húmedas, grumos o sabores fuertes. El sistema sensorial del niño se satura rápidamente y reacciona a la defensiva.
Hiposensibilidad
Se observa como una necesidad de sabores muy intensos o dificultad para percibir dónde está la comida dentro de la boca, lo que puede dificultar la manipulación segura del alimento.
El poder del entorno y la rutina
El contexto en el que se desarrolla la alimentación es tan importante como el alimento mismo. Un ambiente tranquilo y rutinas previsibles favorecen que el niño disminuya su nivel de alerta y esté más dispuesto a la exploración.
La «presión para comer» suele generar el efecto contrario, aumentando la ansiedad. Trabajamos para empoderar a las familias, transformando el momento de la comida de una batalla a una oportunidad de conexión.
Nuestros Objetivos
- Disminuir la ansiedad frente al plato.
- Fomentar la exploración lúdica.
- Celebrar pequeños avances, como tolerar un nuevo alimento en la mesa, aunque no lo coma.
¿Cuándo es recomendable consultar?
- Realiza arcadas, náuseas o vómitos al ver, oler o probar determinados alimentos.
- Rechaza alimentos por su textura, temperatura, color u olor.
- Tolera una cantidad muy limitada de alimentos y le cuesta incorporar nuevos.
- Se angustia, llora o se desregula durante las comidas.
- Necesita pantallas, distracciones o presión para poder comer.
- Evita ensuciarse las manos, la boca o tocar ciertos alimentos.
- Muestra hipersensibilidad oral (le molesta el cepillado dental, ciertas cucharas o vasos).
- Se levanta constantemente de la mesa o le cuesta sostener la postura durante la comida.
- Las comidas se vuelven un momento de estrés, tensión o conflicto familiar.
